La artista colombiana Doris Salcedo hace un recorrido de tres décadas de dolor y violencia política en la primera retrospectiva que le dedica el Museo Guggenheim de Nueva York y que estará abierta desde este viernes hasta el 12 de octubre.
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Cultura

Doris Salcedo llena de dolor el Museo Guggenheim de Nueva York

Plegaria muda de Doris Salcedo - AFP

La artista colombiana Doris Salcedo hace un recorrido de tres décadas de dolor y violencia política en la primera retrospectiva que le dedica el Museo Guggenheim de Nueva York y que estará abierta desde este viernes hasta el 12 de octubre.

“Es la primera vez que dedicamos tanto espacio a una artista, pero lo merece”, dijo el director del museo, Richard Armstrong, sobre Salcedo, quien resume su carrera como “treinta años en duelo”.

“La violencia es el ‘ethos’, lo que define la sociedad contemporánea. Para mí nada puede ser más importante. Entonces, toda la obra está centrada en violencia política, en cómo la vida de la víctima no debería terminar allí, bestializada por los asesinos, sino que nosotros podemos sublimar, elevar y darle al ser humano el lugar que se merece”, afirma la artista.

Salcedo (Bogotá, 1958) pasea al espectador “generoso en su silencio” por obras como “Plegaria muda”, una suerte de cementerio de mesas invertidas sobre las que crece hierba, y “A flor de piel”, una gigantesca manta tejida de manera delicadísima con pétalos de rosa.

“A flor de piel” y “Plegaria muda”

Recorre tragedias locales, pues en ese “A flor de piel” rinde homenaje a una enfermera que fue torturada y asesinada en Colombia, mientras en “Plegaria muda” habla de los muertos por las pandillas de delincuentes en Los Ángeles (EE.UU.).

“Lo único que yo he visto a través de mi vida es que la violencia política ha empeorado. En algún momento cuando era joven podía pensar que era un problema colombiano, pero vemos violencia política en cualquier lado. La masacre que ocurrió aquí la semana pasada es abiertamente violencia política”, dice refiriéndose a la matanza sucedida en una iglesia de Carolina del Sur.

“Desafortunadamente, aquello en lo que yo me enfoqué adquiere cada vez mayor y mayor importancia y relevancia. Por eso me mantengo ahí”, añade sobre su obra, que la comisaria de la muestra, Katherine Brinson, describe como “intransigente, urgente e infinitamente lírica”.

Así, una de sus primeras obras, sin título y de 1989, atraviesa varias camisas con un hierro, como si fuera la trayectoria de un balazo colectivo, mientras que la última de ellas “Disremembered”, de 2014, recurre a una prenda, esta vez una túnica, pero el metal hiriente no atraviesa, sino que se integra en el tejido, que solo al verlo de cerca se revela como una suma de punzantes alfileres.

Con EFE

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Ubicada en Cultura · junio 25, 2015 · Comments (0)

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