La muerte el lunes de Sebastián Palomo Linares a los 69 años significa el adiós a un "revolucionario" del toreo en la década de los 70, un diestro que, bajo el paraguas de Manuel Benítez, el Cordobés, y el histórico rabo que cortó en Las Ventas en 1972, le convirtieron en todo un fenómeno social de la época.
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Palomo Linares: un “revolucionario” que pasó a la historia a golpe de raza

La colombiana Marina Danko, esposa de Palomo por 35 años - Colprensa

La muerte el lunes de Sebastián Palomo Linares a los 69 años significa el adiós a un “revolucionario” del toreo en la década de los 70, un diestro que, bajo el paraguas de Manuel Benítez, el Cordobés, y el histórico rabo que cortó en Las Ventas en 1972, le convirtieron en todo un fenómeno social de la época.

Retirado definitivamente en 1995, Sebastián Palomo Martínez (Linares, Jaén, 1947) se enfrentó con optimismo a la complicada operación a la que se sometió el pasado viernes y que no pudo superar.

Justo antes de entrar en el Hospital Gregorio Marañón hizo unas breves declaraciones a los medios y trató de quitarle importancia al asunto: “En peores plazas he toreado y en algunas hasta he resucitado”, afirmó.

Se refería así a la multitud de cornadas -varias de ellas muy graves- sufridas a lo largo de una carrera que empezó con tan solo 17 años como novillero, para dos años después tomar la alternativa.

Desde el principio empezó a triunfar y a demostrar que no era un torero cualquiera. Palomo Linares siempre mantuvo un sello de distinción basado en el valor, la raza y la espectacularidad de su concepto, muy alejado de la ortodoxia y el clasicismo, pero que hizo que siempre tuviera una legión de partidarios.

“Campaña de los guerrilleros”

Era inevitable compararle con Manuel Benítez, el Cordobés; de hecho formaron pareja artística en lo que se dio a conocer “campaña de los guerrilleros”, llegando a torear juntos en más de sesenta tardes.

Esta fórmula mediática le sirvió para, tras tomar la alternativa en 1966, convertirse en todo un fenómeno taurino y social de la época, más aún después de que el Cordobés dejara su trono en 1971.

El aficionado necesitaba un “revolucionario” de esta índole y encontró en el de Linares al heredero del V Califa del Toreo. Tanto fue así que hasta llegó a emular también sus pasos en el mundo del cine, protagonizando dos películas: “Nuevo en esta plaza”, en 1966, y dos años después, junto a Marisol, “Solo los dos”.

Pero el hito que más marcó su carrera, y posiblemente su vida, fue el histórico y polémico rabo que cortó al toro Cigarrón, de Atanasio Fernández, el 22 de mayo de 1972 en Las Ventas, convirtiéndose en el décimo y, hasta la fecha, último diestro en lograr los máximos trofeos de un astado en Madrid.

Aquello ayudó a que su fama creciera todavía más, convirtiéndose no solo en el líder del escalafón de toda una década, sino también en una figura público cuya imagen se extrapoló más allá de los ruedos.

Su noviazgo y posterior boda en 1977 con la modelo colombiana Marina Danko y los nacimientos de sus tres hijos, Sebastián, Miguel y Andrés, coparon las portadas de los medios rosas de la época, como también su divorcio en 2011 y el inicio de una nueva relación sentimental con la jueza Concha Azuara.

Los últimos años de su vida los dedicó en cuerpo y alma a su otra pasión, la pintura, una disciplina artística que siempre ha acompañado su vida -expuso por primera vez en el año 1977 en Colombia- y por la que sentía auténtica devoción.

Con EFE (Javier López)

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Ubicada en Cultura · abril 25, 2017 · Comments (0)

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